 - LXII -
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El triunfo. Unipersonal con intermedios de
música 210
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Buenos Aires
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Salón adornado con la mayor magnificencia:
colocado el busto del general San Martín. La música habrá
tocado un rasgo agradable. Al concluirse, saldrá el actor vestido de
particular, y quedará sobre la izquierda mirando el retrato: y
después dirá, convirtiendose al público:
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| La sonorosa trompa de la Fama211 | | del Sud publique los plausibles hechos, | | y desde un polo al otro circulando | | resuene altiva con marcial estruendo; | | |
—264→
| remóntese agitada hasta el Olimpo, | 5 | corra a los campos, y en lo más espeso | | de los bosques celebre nuestro triunfo | | y a las salobres ondas llegue el eco. | | ¡Día feliz aquel que el fiel colono | | |
-pág. 205-
| sintió la libertad de sus derechos! | 10 | Aquél que la cadena quebrantando | | el cuchillo empuñó, libró su suelo | | de los tiranos crueles, orgullosos212 | | que esclavizarlo solo pretendieron213
214. | | La América del Sud encadenada | 15 | de opresión mil gemidos lanzó tiernos, | | y sus hijos a voz tan penetrante | | despertaron, lloraron y se unieron; | | examinan la causa de su madre, | | y la alma libertad corre a sus pechos; | 20 | en ellos se introduce, y al instante215 | | huye la depresión, y fausto el genio | | de independencia anuncia a los colonos216 | | o morir o vencer en justo duelo217. | | |
—265→
| Ellos claman: la muerte o la victoria218. | 25 | El cielo se enlutó, retembló el suelo, | | y jurando firmeza en la venganza | | trincheras fabricaron de sus pechos; | | el déspota insistió, y el plomo ardiente, | | y el fuego protegido de otro fuego | 30 | lo persiguieron con arrojo tanto | | que a su pesar cedió, doblegó el cuello, | | y la aurora felice en carro de oro | | alegre dominó nuestro hemisferio. | |
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-pág. 206-
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(Música dentro de bastidores y se
cantará la siguiente letrilla; el actor se aproximará a
escucharla.)
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| Firme desvelo | 35 | americanos, | | que en los tiranos | | brilla el rencor. | | Constancia y celo; | | que vuestro canto | 40 | no trueque en llanto | | el opresor. | |
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| Pero aún faltaban, sí, dobles
fatigas | | que superar. El enemigo fiero | | cual león que ruge desde horrenda gruta | 45 | por devorar al tímido cordero | | máquina acciones sanguinarias, negras; | | busca nuevos esclavos, y con ellos | | tala, y destroza, y aniquila y todo, | | |
—266→
| la cabaña infeliz, el basto pueblo. | 50 | El hombre libre pronto se presenta | | con dignidad sus planes destruyendo | | y ocho años le vio el sol en las campañas | | las tiranas falanges combatiendo, | | hasta que se fijaron sus destinos | 55 | en el cinco de abril, día selecto, | | día cuya memoria será eterna | | más allá de la tumba y de los tiempos. | | (Los versos que siguen indicarán al
actor las veces que debe fijarse en el retrato de San Martín.) | Ved resonar de San Martín el nombre | | |
-pág. 207-
| por las llanuras y encumbrados cerros, | 60 | ved al anciano que de gozo llora, | | y con trémulas manos pide al cielo | | dilate la existencia a un ciudadano | | que consagra a la patria vida y celo. | | No le turba el contraste que sufriera | 65 | el día diez y nueve, que su aliento | | con la mezcla del bien y la desgracia | | brilló, y brilló otra vez; reúne presto | | sus divisiones que venganza eterna | | repiten, y se agitan en secreto. | 70 | Fue efímera la dicha del contrario | | cual resplendor que arroja en el momento | | de consumirse la luciente antorcha | | y a noche triste es condenada luego. | | Héroe de Chacabuco, tú presides | 75 | la independencia del indiano suelo; | | tú surcaste afanoso el ancho Océano | | por tomar parte en nuestro justo empeño, | | y odiando el crimen, la virtud amando, | | |
—267→
| instruyendo a los libres con desvelo, | 80 | supiste sus deberes enseñarles | | a la par de sus ínclitos derechos. | | ¡Héroe del gran Maypú, sitio admirable, | | sitio de sangre, llanto y de trofeos | | donde la tiranía halló su tumba, | 85 | y nuestra libertad su augusto templo! | | ¡Tú viste a San Martín a la cabeza | | de los bravos con ánimo sereno! | | Desprecian al peligro con tal jefe, | | |
-pág. 208-
| su sangre a borbotones mancha el suelo. | 90 | ¡Qué importa, más el pecho les inflama! | | Gritan ¡Viva la Patria! y dando al viento | | los pabellones de la independencia | | disputan sable en mano, y cuerpo a cuerpo. | | Nadie desmaya, todos son valientes. | 95 | Los contrarios pelean con denuedo; | | los patriotas redoblan el coraje. | | El plomo silbador el aire hendiendo | | lleva la muerte y luto a todas partes | | y cubre de cadáveres el suelo... | 100 | ¡Mas triunfaron las armas de la Patria! | |
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(En este momento sin introducción alguna
se cantará adentro este verso; con la marcha nacional.)
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| ¡Triunfo!, triunfo! que el americano | | libre el suelo de ingratos dejó, | | y al romper la cadena ominosa | | muerte eterna con gloria juró. | 105 | Cumplió ufano la grande protesta: | | Libertad, libertad pronunció; | | el tirano a sus pies quiso verle, | | y a sus pies el tirano se vio, | | Sean eternos, etc. | 110 |
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—268→
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| Sí, triunfaron las armas de la patria. | | Osorio en humo, en sangre fue desecho. | | Todos del hombre libre a la presencia | | rinden por siempre sus altivos cuellos. | | ¡Patria adorada, ve tu grande obra | 115 | en quien los Andes dominó soberbio! | | |
-pág. 209-
| ¡Cenizas inmortales de araucanos, | | del sepulcro salid, venid guerreros, | | oh, Tucapel, Caupolicán valiente, | | cuyos brazos temibles persiguieron | 120 | al déspota español con bizarría; | | mirad a San Martín que defendiendo | | vuestros derechos justos, libre deja | | el país más hermoso y más ameno! | | Y tú, pueblo de Chile, pueblo hermano | 125 | que de constancia y de virtudes lleno, | | tú mismo te impusiste la sentencia | | de muerte o triunfo en el pasado duelo, | | canta unido por siempre al argentino | | las glorias de la patria, y sus derechos219. | 130 | Gloria, laurel y palma al magistrado | | que sabio, liberal y justiciero | | se olvida de sí mismo por salvarnos, | | sin que desgracias, privación ni riesgos | | perturben sus medidas acertadas; | 135 | por él el orden recobró su imperio; | | y a donde el orden reina, el justo vive, | | sepulta sus ideas el perverso, | | la unión renace, y la discordia horrible | | despechada se oculta en el Averno. | 140 | ¡Unión, sagrada unión, vive en nosotros! | | |
—269→
| Alimenta ardorosa nuestros pechos, | | tiemble el tirano cuando considere220 | | |
-pág. 210-
| que una es la voluntad, uno el esfuerzo. | | Ciudadanos de clases diferentes221, | 145 | labrador, comerciante, circunspecto | | legislador, filósofo sensato, | | recibid de un patricio sus respetos; | | ciencias, comercio, industria, bellas artes, | | cual se ven florecer en nuestro suelo, | 150 | todo a vuestras tareas es debido, | | y a la protección justa del gobierno. | | Juventud tierna que dejando el ocio | | corréis a cultivar vuestros talentos, | | llegará tiempo que sirváis de escudo | 155 | a vuestra madre patria, en cuyo seno | | reposáis, envidiando ya la suerte | | del que leyes observa y ciñe acero. | | Hijas del Mediodía, sexo hermoso222 | | que partícipe sois de estos contentos, | 160 | volad de Flora a las mansiones gratas, | | tejed guirnaldas, y con dulce afecto | | cubrid la sien del vencedor hermano, | | del amante feliz, esposo tierno. | | Y vosotros, campeones nacionales223
224, | 165 | |
—270→
| soldados los más bravos y guerreros | | que el armígero dios prodigar supo, | | las glorias duplicad, que al sacro templo | | abre las puertas Jano, y nos presenta | | bustos indianos, dignos mausoleos. | 170 | |
-pág. 211-
| Continuad ardorosos en la lucha; | | con frémito espantoso el bronce horrendo | | anuncie a los tiranos y a nosotros | | trágico terminar, dulce momento, | | para que a todo el mundo con asombro | 175 | de hombres libres el triunfo se haga eterno. | |
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BARTOLOMÉ HIDALGO |
 - LXIII -
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La jornada del Maypo por el presbítero doctor
don José Augustín Molina 225 |
OCTAVAS
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| Las armas de mi patria alegre canto, | | | | sus combates, sus triunfos, sus victorias, | | | | sus esfuerzos, su celo ardiente y santo | | | | por romper las cadenas vejatorias, | | | | que la han ajado y oprimido tanto. |
5 | | | ¡Oh, quién para cantar sus bellas glorias | | | | todo el estro tuviera que el Parnaso | | | | en Virgilio encendió, sopló en el Taso! | | |
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| Corría felizmente el año octavo | | | | en que el Sud en América aspiraba |
10 | | | de la afrenta salir de humilde esclavo. | | | | Un congreso en su seno se elevaba. | | | | Dos generales, uno y otro bravo, | | |
-pág. 212-
| | la gente de armas a su faz miraba. | | | | Chile, por uno de ellos libertado, |
15 | | | se erige en nuevo independiente estado. | | |
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—272→
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| Un miserable resto de vencidos, | | | | escapados por suerte en su derrota | | | | de Chacabuco existen guarecidos | | | | en un punto que el mar de un lado azota |
20 | | | y muros cercan de otro endurecidos. | | | | Incierto su temor mil veces flota, | | | | cuando se ven en su última trinchera, | | | | por la gente forzados más guerrera. | | |
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| Manda socorro Lima... Su tirano, |
25 | | | aquel que aborrecido íntimamente, | | | | sin virtud, sin talentos, inhumano, | | | | imbécil, nulo, débil, impotente, | | | | esclavizar de nuevo piensa ufano | | | | todo un inmenso heroico continente. |
30 | | | ¡Pensamiento insensato! Vil Pezuela, | | | | ¿quién detendrá a la América que
vuela? | | |
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| Reforzados se lanzan del asilo, | | | | que en Talcahuano halló su cobardía: | | | | como una inundación, no ya del Nilo, |
35 | | | sí de un torrente asolador cubría, | | | | su hueste las campañas que el tranquilo | | | | agrónoma labraba noche y día; | | | | marca de polvo un negro torbellino | | | | de sus pasos la huella y el camino. |
40 | |
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-pág. 213-
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| Pasan el Maule, avanzan. Siempre incierto | | | | su ánimo, en Talca busca nuevo abrigo, | | | | nada se teme más que el descubierto. | | | | ¡Despreciable, ridículo enemigo, | | | | indigno del laurel marcial por cierto! |
45 | | | De la patria un campeón era testigo | | |
—273→
| | de su número, clase, y movimientos226, | | | | tan tímidos y cautos, como lentos. | | |
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| Al rumor de su marcha, a los primeros | | | | avisos que se dan de su venida, |
50 | | | se avanzan a su encuentro bravos, fieros, | | | | el alma en ardor bélico encendida, | | | | del ejército patrio los guerreros, | | | | San Martín a su frente, aliento y vida | | | | de aquel robusto cuerpo, cuyos brazos |
55 | | | van a hacer del contrario mil pedazos. | | |
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| Él arriba: su campo se establece | | | | junto al adverso, bajo de sus ojos; | | | | le aguarda, en su refugio permanente; | | | | quince días en vano sus enojos |
60 | | | provoca y al combate se le ofrece; | | | | es que trama un ardid que de sonrojos, | | | | y confusión llenara a otros guerreros | | | | que no fueran los ínclitos iberos. | | |
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| La negra noche lóbrega extendía |
65 | | | sobre el mundo y los crímenes su manto, | | |
-pág. 214-
| | tercera de la vil alevosía, | | | | rival del proceder honesto y santo. | | | | A su favor la floja cobardía | | | | flaqueando toda, lánguida de espanto, |
70 | | | inspira a Osorio la afrentosa empresa | | | | de emplear con su enemigo la sorpresa. | | |
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—274→
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| Temer la luz del Sol tan favorable | | | | al valor verdadero, solo es dado | | | | al español abyecto y miserable. |
75 | | | ¿Qué militar, celoso de su grado, | | | | no procura en la lid ser espectable? | | | | ¿Quién no se juzgaría deshonrado | | | | de deber su ganancia o vencimiento, | | | | a un golpe de traición, a un salteamiento? |
80 | |
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| Le sale bien, dispersa nuestra gente, | | | | mas la suerte tal vez sirve al intento | | | | mejor que los consejos del prudente. | | | | «Es verdad, dice el héroe, que un momento | | | | de descuido, o más bien un accidente |
85 | | | que prevenir no pudo el más atento, | | | | ha dado una ventaja transitoria | | | | al tirano, mas nunca una victoria». | | |
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| Tranquilo, aunque afligido, da al soldado, | | | | a todos un ejemplo de firmeza. |
90 | | | «¡Compatriotas!, he aquí nuestro dechado, | | | | modelarse por él mucho interesa. | | | | ¿Por qué un suceso salga desgraciado, | | | | desesperarse debe de la empresa? | | |
-pág. 215-
| | ¿Seremos a la patria menos fieles |
95 | | | si tal vez se marchitan sus laureles? | | |
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| »¿Al pájaro medroso
imitaremos, | | | | que del árbol se vuela en el instante, | | | | que agitado cual nave de los remos, | | | | al impulso del viento está flotante? |
100 | | | A extremo riesgo, espíritus extremos; | | | | digamos siempre en caso semejante: | | |
—275→
| | encorvado está el árbol solamente | | | | él volverá a erigirse nuevamente. | | |
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| »No se ha perdido todo, remediada |
105 | | | la principal desgracia está en gran parte, | | | | (prosigue el jefe de la fuerza aliada) | | | | la capital es nuestra, y según arte | | | | prontamente será fortificada: | | | | ella será nuestro último baluarte, |
110 | | | nuestro sepulcro mísero y glorioso, | | | | si no lo fuere del tirano odioso. | | |
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| »Yo soy el que la guardo y la sostengo, | | | | cerca de cuatro mil bravos conmigo, | | | | para hacer la defensa última tengo, |
115 | | | mas sin dar nuevo ataque al enemigo | | | | no volverán al punto que prevengo; | | | | de su marcial ardor soy fiel testigo. | | | | Corramos a las armas, ciudadanos, | | | | escarmiente la patria a sus tiranos». |
120 | |
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| Así habla en el contraste y mala suerte, | | | | el ínclito del Sud (¡raro coraje!); | | |
-pág. 216-
| | donde quiera de un alma grande y fuerte | | | | tal es el noble enérgico lenguaje, | | | | cuando amagada de la misma muerte, |
125 | | | a vista de los riesgos y el carnaje, | | | | se sostiene en los brazos de su audacia, | | | | y lucha varonil con la desgracia. | | |
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| Engreído Osorio con el buen suceso | | | | del diez y nueve, carga a toda prisa. |
130 | | | ¡Insensato, no lleves al exceso | | | | una gloria fugaz que se desliza! | | |
—276→
| | te lisonjeó un instante el hado avieso; | | | | ésta fue como la última sonrisa | | | | para ti de la pérfida fortuna: |
135 | | | pronto la probarás bien importuna. | | |
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| ¡Cinco de abril! Tú viste
finalmente | | | | desplegarse en las márgenes o llano, | | | | que fecunda el Maypú con su corriente, | | | | el ejército patrio y el hispano. |
140 | | | El hierro de las armas reluciente | | | | disputa al sol su brillo soberano; | | | | con su son pavoroso los tambores | | | | son de la muerte horribles precursores. | | |
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| La fiereza, la cólera, el despecho, |
145 | | | la venganza, el orgullo en cada frente | | | | (rebosando de lo íntimo del pecho) | | | | están pintados respectivamente. | | | | El general patricio satisfecho | | | | ve el aparato bélico imponente, |
150 | |
-pág. 217-
| | por el momento ansiando de un combate, | | | | de que pende de América el rescate. | | |
|
| Su corazón se aplaude muy contento | | | | de encontrar en el campo de batalla | | | | rivales dignos de su heroico aliento. |
155 | | | Donde siempre los quiso, al fin los halla | | | | (¡Fruto feliz de su envanecimiento!), | | | | sin parapeto alguno, sin muralla. | | | | Vuelto a los suyos que arden de coraje, | | | | les dirige en substancia este lenguaje. |
160 | |
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—277→
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| «Ved ahí al enemigo, ved al godo | | | | que perpetuarse intenta en nuestra tierra; | | | | es necesario hoy día sobre todo | | | | o vencer o morir en esta guerra; | | | | de nuestra parte es santa en algún modo |
165 | | | pues la defensa natural encierra: | | | | soldados, nuestra patria su esperanza, | | | | su libertad vincula en vuestra lanza». | | |
|
| Sobre un bruto veloz más que los
vientos, | | | | que fiero con su carga y vanidoso, |
170 | | | la tierra bate acaso en sus cimientos, | | | | desafiando los riesgos animoso, | | | | por sus bien ordenados regimientos, | | | | corre de fila en fila presuroso. | | | | A su lado se ven esos guerreros, |
175 | | | de su gloria y laureles compañeros. | | |
|
| Los Balcarce, los Heras, Alvarados, | | | | los Quintanas, y cada comandante, | | |
-pág. 218-
| | quienes cerca del héroe colocados | | | | aguardan la señal, y en su semblante |
180 | | | descubrir, les parece, asegurados | | | | la esperanza y presagio consolante | | | | de un triunfo cierto grande ventajoso, | | | | que de la patria el nombre hará glorioso. | | |
|
| Abatido entre tanto Osorio, inquieto, |
185 | | | la virtud en su pecho busca en vano | | | | no la hallará sin duda en el aprieto | | | | que no es el patrimonio de un tirano. | | | | Su corazón feroz tiembla en secreto, | | | | no esperando que el cielo le dé mano |
190 | |
—278→
| | favorable a sus armas, y propicia, | | | | porque de ellas conoce la injusticia. | | |
|
| Al Dios de los combates invocando, | | | | nuestro caudillo al fin al arma grita. | | | | Cada hueste con paso igual marchando |
195 | | | sobre la otra a la vez se precipita; | | | | tiembla el suelo y de polvo levantando | | | | densa nube, su luz al cielo quita. | | | | Alarmado el Maypú, todo medroso | | | | atrás sus ondas torna presuroso. |
200 | |
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| Al ruido aterrador de los tambores, | | | | de millares de voces al acento, | | | | al rodar de los carros sonadores, | | | | retumban hasta el mismo firmamento | | | | los Andes de la lid espectadores. |
205 | | | A este horrísono estrépito violento, | | |
-pág. 219-
| | del plomo destructor se une el silbido, | | | | que va en la sangre a ser humedecido. | | |
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| Por todas partes vuela el fatal hierro; | | | | la pólvora, este don funesto horrible |
210 | | | de las furias, saliendo de su encierro | | | | por mil bocas flamea inextinguible; | | | | su explosión, que conmueve el bosque, el cerro, | | | | forma una nueva tempestad terrible | | | | de balas que, esparcidas a la suerte, |
215 | | | en toda dirección llevan la muerte. | | |
|
| Ya se ven los flotantes batallones | | | | romperse y apretarse en el instante | | | | para cubrir, por sabias precauciones, | | | | los claros que abre el bronce fulminante. |
220 | |
—279→
| | El trueno cesa ya de los cañones; | | | | la bayoneta, el sable centelleante | | | | suceden en su vez, que muy más duros, | | | | de cerca lanzan golpes más seguros. | | |
|
| Sus gritos el dolor traga y sofoca, |
225 | | | la muerte es desde aquí feroz y muda. | | | | El silencio en su obsequio allí coloca | | | | su imperio, para hacer la lid más cruda. | | | | Nadie suspira, nadie abre la boca, | | | | por no causar a su rival sin duda, |
230 | | | la alegría de oír (extraña cosa) | | | | los ayes de una queja vergonzosa. | | |
|
| Una bravura igual, hizo dudoso | | | | el combate hasta entonces: la Victoria | | |
-pág. 220-
| | volando incierta sobre el ominoso, |
235 | | | ensangrentado campo de la gloria, | | | | de uno y otro partido valeroso | | | | pesaba la constancia meritoria | | | | y en la sangre que en ondas circulaba | | | | de ambos lados sus alas empapaba. |
240 | |
|
| Ángel que aquel combate
presidías, | | | | genio exterminador, que lo inflamaste, | | | | ¿de cuál héroe, por fin las
valentías | | | | con el lauro del triunfo coronaste? | | | | ¿Cuya causa de lo alto protegías? |
245 | | | ¿En qué partido la justicia hallaste? | | | | ¿Hacia qué lado, exenta de venganza, | | | | se inclinó de los cielos la balanza? | | |
|
| Largo tiempo, cinco horas, el patricio, | | | | y el godo defendiendo y atacando |
250 | |
—280→
| | se disputan el campo. Al fin propicio | | | | se declara el Eterno a nuestro bando. | | | | Sobre un carro de luz, brillante indicio227 | | | | de la beldad que en él viene triunfando, | | | | hiende los aires y a la tierra baja, |
255 | | | la que nos ha obtenido la ventaja. | | |
|
| Ésta es la reina de [los] ángeles y
de hombres228 | | | | del universo entero la Señora, | | |
-pág. 221-
| | dulcísima y terrible (no te asombres) | | | | pues de hueste ordenada y bella aurora |
260 | | | la da divino espíritu los nombres; | | | | ésta es de la nación la protectora, | | | | a quien Chile no solo con devotos | | | | afectos invocó, mas la hizo votos | | |
|
| Es María. ¡Gran madre!, a Dios la
gloria, |
265 | | | pero de un corazón reconocido | | | | a vos hoy consagramos la memoria. | | | | Si nuestro brazo fue fortalecido, | | | | si alcanzó su denuedo la victoria | | | | obra de vuestro amparo todo ha sido. |
270 | | | Bendita seas, oh, Judit sagrada, | | | | por quien se ve la América salvada. | | |
|
| Ya el padre sol, que de sus hijos caros | | | | la intrepidez gozoso presenciaba, | | |
—281→
| | templando de su luz los rayos claros, |
275 | | | del zenit a su ocaso declinaba | | | | cuando el furor audaz de los avaros, | | | | a quien la rica presa enajenaba, | | | | cansando de lidiar sucumbe, cede, | | | | ve que nuestro valor al suyo excede. |
280 | |
|
| El espanto, el terror y aturdimiento | | | | de su tropa alarmada se apodera, | | | | pasa de fila en fila en un momento, | | | | se extiende a toda su falange entera. | | | | Aquí arrojan el bélico armamento, |
285 | | | allí abaten al suelo su bandera, | | |
-pág. 222-
| | corren, se chocan, jefes y soldados | | | | atónitos, confusos, desolados. | | |
|
| Aquél no manda, éste otro no
obedece; | | | | al feliz vencedor todos rendidos, |
290 | | | cual prisionero a discreción se ofrece, | | | | cual temblando los ojos abatidos, | | | | se arrodilla a sus plantas y las mece. | | | | Cubren miles de muertos y de heridos | | | | el campo del Maypú, que no presenta |
295 | | | más que derrota, confusión y afrenta. | | |
|
| Osorio, el orgulloso, el fiero Osorio, | | | | que su gobierno intruso y usurpado | | | | sobre aquel delicioso territorio | | | | con sus violencias solo había marcado; |
300 | | | este hombre, que en un crédito ilusorio | | | | venía vanamente esperanzado, | | | | viendo su altiva presunción domada, | | | | se abandona a una fuga apresurada. | | |
|
—282→
|
| El miedo, no ya pies le da para ella, |
305 | | | sino alas con que vuela más que una ave, | | | | o con la rapidez de una centella | | | | a ocultar su vergüenza y pena grave. | | | | Acusa a. España, quéjase a su estrella, | | | | ¿dónde hallará refugio? No lo sabe. |
310 | | | Osorio, Osorio enseña a los tiranos | | | | a respetar los pueblos soberanos. | | |
|
| El español ejército altanero | | | | de este modo inaudito, sometido, | | |
-pág. 223-
| | deja en el campo del combate fiero, |
315 | | | triunfante, airoso, de laurel ceñido | | | | al valiente fortísimo guerrero, | | | | al jefe de la patria esclarecido; | | | | quien, desde el seno del honor y gloria, | | | | se apresura a anunciar tan gran victoria. |
320 | |
|
| ¡Salud, mi dulce patria, una y mil veces, | | | | salud, por el mejor de tus sucesos! | | | | ¡Cuánto con él te afianzas y estableces! | | | | ¡Cuán rápidos serán de hoy tus
progresos! | | | | Del mundo el fallo a tu favor mereces, |
325 | | | pues no solo convictos, mas confesos | | | | dejas a tus tiránicos rivales | | | | de las naciones en los tribunales. | | |
|
| Nuevo estado de Chile soberano, | | | | pueblo eminentemente valeroso, |
330 | | | acaso superior al espartano | | | | en virtud, en heroísmo generoso, | | | | tan noble y liberal, como cristiano; | | | | tan bravo, como pío y religioso; | | |
—283→
| | de los pueblos del Sud digno modelo, |
335 | | | ¡suba tu gloria a la región del cielo! | | |
|
| ¡San Martín! A tu nombre se
arrodilla | | | | de respeto mi voz, calla de pasmo: | | | | su expresión es muy débil, muy sencilla | | | | para tu napoleónico entusiasmo. |
340 | | | El Sud te aclama; el godo se te humilla, | | | | en su boca no se oye ya el sarcasmo. | | |
-pág. 224-
| | Ya no somos rebeldes e insurgentes, | | | | gracias a tus victorias eminentes. | | |
|
| ¡Sombras de los Muñecas, los
Lucenas229, |
345 | | | de los Díaz, Villegas y Beldones230, | | | | que con la ilustre sangre de sus venas, | | | | llenaron nuestra era de blasones! | | | | ¡Sombras amadas!, ¡mil enhorabuenas! | | | | En Chile han perecido los tiranos, |
350 | | | vuestros laureles dieron ya su fruto; | | | | recibid de venganza este tributo. | | |
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| Extasíense por fin los corazones | | | | en toda la extensión del Mediodía; | | | | sus pueblos todos, todas sus regiones |
355 | | | resuenen con los gritos de alegría. | | | | Con mil vivas y mil aclamaciones. | | | | Júntese la elocuencia a la poesía, | | | | y eternicen de acuerdo con la historia | | | | de la mayor jornada la memoria. |
360 | |
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 - LXVI -
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| Con labio respetuoso | | | | os saludo ¡gran pueblo! y felicito | | | | en uno de los días más ilustres | | | | de Mayo venturoso: | | | | en este venturoso el más glorioso, |
5 | | | día inmortal, que debe proferirse, | | |
-pág. 229-
| | con orgullo romano | | | | por todo verdadero americano. | | | | ¡Salve, oh, gran pueblo! Cuna de varones | | | | que desdeñando el círculo humillante, |
10 | | | do sus padres la vida malograron, | | | | las cadenas tiránicas trozaron, | | | | y de América orlando los pendones, | | | | desde estas cercanías del Atlante | | | | hasta las sierras del Perú triunfaron, |
15 | | | en libertad poniendo | | | | cuantos se hallaban opresión sufriendo. | | |
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—291→
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| La altiva España viendo su potencia | | | | cual humo disiparse, | | | | y espantada mirando presentarse |
20 | | | el coloso fatal de Independencia, | | | | contra cuya existencia | | | | siniestramente aglomerado había | | | | siglos de nulidad y humillaciones, | | | | rompe los diques de su atroz venganza, |
25 | | | y el puñal en la mano | | | | recorre el vasto suelo americano. | | | | ¡Que crímenes, qué incendios, qué
matanza | | | | aquí recuerda el alma estremecida! | | | | ¡Compatriotas amados!, ¡ah!, pasemos |
30 | | | en silencio siquiera aqueste día | | | | las escenas de sangre y de amargura | | | | que pudieran turbar nuestra alegría: | | | | por este día que del suelo patrio | | | | los esfuerzos proclama, |
35 | | | y su alta gloria y su brillante fama. | | |
-pág. 230-
| | Despliegue su estandarte sanguinoso | | | | enhorabuena España. | | | | La tierra entregue a su furor y saña, | | | | destruya, arrase, incendie cuanto alcance. |
40 | | | Nada es capaz de producir temores | | | | en los pechos de temple diamantino | | | | que de la independencia el gran camino | | | | a nuestro país abrieron. | | | | El Río de la Plata más se exalta |
45 | | | al rudo estruendo de venganza y guerra; | | | | y su raudal belígero internando | | | | con gloria triunfa en Tucumán y Salta, | | | | impetuoso arrastrando | | | | soldados, armas, guiones, atambores, |
50 | | | y cuanto a su ira el invasor opone. | | |
—292→
| | Victorioso revuelve. En el Oriente | | | | su poderío estalla, | | | | y hunde una escuadra, abate una muralla. | | |
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| Estrecha cree la esfera circunscrita |
55 | | | a su coraje y brío; | | | | atrevido la ensancha; y aparece | | | | en las llanuras del Atlante armado. | | | | Ante la altiva Cádiz se presenta | | | | y sus banderas victorioso ostenta. |
60 | | | Vigo, Ferrol, y Vera-Cruz, y Habana | | | | son testigos también de su osadía, | | | | y en éstos y otros puertos de contado | | | | gime el comercio hostil encadenado. | | |
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| El tiránico orgullo tras los Andes |
65 | |
-pág. 231-
| | fortalecido amaga. Mas, ¿qué importa? | | | | Allá dirige bélicos torrentes, | | | | y alzándolos entre peligros grandes | | | | a nivel de las cumbres eminentes, | | | | los deja caer con ímpetu invencible |
70 | | | sobre el opuesto lado. | | | | Los escollos arrasa con que, osado, | | | | se opone el enemigo a su carrera, | | | | y es nada en un momento | | | | el que amagó a la patria en su engreimiento. |
75 | |
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| Sus ímpetus transmite a los valientes | | | | hijos de Tucapel y de Lautaro, | | | | y sobre Maypo con esfuerzo raro | | | | repiten ambos tan ilustre escena, | | | | con tanta mayor gloria |
80 | | | cuanto más ardua ha sido la victoria. | | | | ¡Qué victoria, argentinos! | | |
—293→
| | Ella ha borrado en la primer batalla | | | | de la faz de la América unas huestes | | | | que audaces en España contuvieron |
85 | | | el vuelo de las águilas francesas; | | | | unas huestes que hicieron | | | | creer a la Europa que a su marcha sola | | | | cual tímidos rebaños | | | | llevarían delante a las legiones |
90 | | | que nuestro honor, y libertad defienden. | | | | ¿Quién les dijera que el destino traía | | | | regimiento tan bravo | | | | de servir de trofeo al año octavo? | | |
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-pág. 232-
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| ¡Patriotas!, presenté a vuestra
memoria |
95 | | | un bosquejo ligero | | | | de los timbres marciales que engrandecen | | | | de nuestra patria la brillante historia. | | | | Mas no olvidéis que fueron arrancados | | | | de en medio de los riesgos y la sangre. |
100 | | | ¡Oh, cuántos compañeros denodados | | | | en la flor de sus días perecieron | | | | por darnos la alegría | | | | de que tanto gozamos este día! | | | | ¡Oh, quién sus vidas preservar pudiera!, |
105 | | | mas ya que no es posible | | | | libertarlos del hado y de la muerte, | | | | sus nombres arranquemos al olvido. | | | | Vivan continuo en nuestros gratos pechos, | | | | y de estímulo sirvan que nos haga |
110 | | | contestar al tesón de los tiranos. | | | | Juremos por sus nombres respetables | | | | que vivirá la patria independiente | | |
—294→
| | mientras la sangre en nuestras venas corra, | | | | o toda derramada |
115 | | | antes será que verla subyugada. | | |
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| Supremo Director, que en tanto acierto, | | | | la nave del Estado engalanada, | | | | diriges hacia el puerto; | | | | patricios todos que a la grande causa |
120 | | | con las armas servís, con el talento, | | | | o de vuestros sudores con el fruto; | | | | confirmad el terrible juramento | | | | que a la presencia de los santos manes | | |
-pág. 233-
| | de tantos compatriotas generosos |
125 | | | en vuestro nombre pronunciar he osado. | | | | Vosotras madres que os halláis presentes, | | | | vosotras todas, bellas argentinas, | | | | de vuestros dulces hijos en el nombre, | | | | en el nombre de todos los que os aman |
130 | | | yo lo pronuncio en vuestro celo fiado. | | | | Confirmadlo también, y haced que todos | | | | los que a vuestra presencia se acercaren, | | | | en vuestro labio y vuestros pechos dulces | | | | aprendan antes de morir como héroes, |
135 | | | que el pie besar del orgulloso ibero. | | | | Que aqueste juramento grande y noble | | | | con constancia araucana sea cumplido, | | | | y en muralla de acero | | | | cada uno de nosotros convertido, |
140 | | | desde este instante abono | | | | las nuevas glorias de nuestro año nono. | | |
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 - LXXIV -
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Un gaucho de la Guardia del Monte contesta al
manifiesto de Fernando VII, y saluda al conde de Casa-Flores con el siguiente
cielito, escrito en su idioma 264 |
| Ya que encerré la tropilla, | | | | y que recogí el rodeo, | | | | voy a templar la guitarra | | | | para explicar mi deseo. | | |
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—321→
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| Cielito, cielo que sí, |
5 | | | mi asunto es un poco largo; | | | | para algunos será alegre, | | | | y para otros será amargo. | | |
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| El otro día un amigo, | | | | hombre de letras, por cierto, |
10 | | | del rey Fernando a nosotros | | | | me leyó un gran manifiesto. | | |
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| Cielo, cielito que sí, | | | | este rey es medio sonso, | | | | y en lugar de don Fernando |
15 | | | debiera llamarse
Alonso. | | |
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| Ahora que él ha conocido | | | | que tenemos disensiones, | | | | haciendo cuerpo de gato265, | | | | se viene por los rincones. |
20 | |
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—322→
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-pág. 249-
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| Cielito, cielo que sí, | | | | guarde amigo el papelón, | | | | y por nuestra independencia | | | | ponga una iluminación. | | |
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| Dice en él que es nuestro padre |
25 | | | y que lo reconozcamos; | | | | que nos mantendrá en su gracia | | | | siempre que nos sometamos. | | |
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| Cielito digo que sí, | | | | ya no largamos el mono, |
30 | | | no digo a Fernando el VII, | | | | pero ni tampoco al nono. | | |
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—323→
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| Después que por todas partes | | | | lo sacamos apagando266, | | | | ahora el rey con mucho modo, |
35 | | | de humilde la viene echando. | | |
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| Cielo, cielito que sí; | | | | ya se le murió el potrillo267, | | | | y si no que se lo digan | | | | Osorio, Marcó y Morillo. |
40 | |
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| Quien anda en estos maquines268 | | | | es un conde Casa-Flores, | | | | a quien ya mis compatriotas | | | | le han escrito mil primores. | | |
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-pág. 250-
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| Cielito digo que no, |
45 | | | siempre escoge don Fernando | | | | para esta clase de asuntos | | | | hombres que andan deletreando. | | |
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| El conde cree que ya es suyo | | | | nuestro Río de la Plata: |
50 | | | ¡cómo se conoce amigo | | | | que no sabe con quién trata! | | |
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—324→
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| Allá va cielo, y más cielo, | | | | cielito de Casa-Flores, | | | | Dios nos librará de plata |
55 | | | pero nunca de pintores. | | |
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| Los que el yugo sacudieron | | | | y libertad proclamaron, | | | | de un rey que vive tan lejos | | | | lueguito ya se olvidaron. |
60 | |
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| Allá va cielo, y más cielo, | | | | libertad, muera el tirano, | | | | o reconocernos libres, | | | | o adiosito y sable en mano. | | |
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| ¿Y qué esperanzas tendremos |
65 | | | en un rey que es tan ingrato | | | | que tiene en el corazón | | | | uñas lo mismo que gato? | | |
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| Cielito, cielo que sí, | | | | el muchacho es tan clemente, |
70 | | | que a sus mejores vasallos | | | | se los merendó en caliente269. | | |
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-pág. 251-
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| En política es el diablo | | | | vivo sin comparación, | | | | y el reino que le confiaron |
75 | | | se lo largó a Napoleón. | | |
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—325→
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| Cielito, digo que sí, | | | | hoy se acostó con corona, | | | | y cuando se recordó, | | | | se halló sin ella en Bayona. |
80 | |
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| Para la guerra es terrible, | | | | balas nunca oyó sonar, | | | | ni sabe que es entrevero, | | | | ni sangre vio colorear. | | |
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| Cielito, cielo que sí, |
85 | | | cielito de la herradura, | | | | para candil semejante | | | | mejor es dormir a oscuras. | | |
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| Lo lindo es que al fin nos grita, | | | | y nos ronca con enojo; |
90 | | | si fuese algún guapo... vaya: | | | | ¡pero que nos grite un flojo!270 | | |
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| Cielito, digo que sí, | | | | venga a poner su contienda, | | | | y verá si se descuida271 |
95 | | | donde va a tirar la rienda. | | |
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| Eso que los reyes son | | | | imagen del Ser divino, | | |
-pág. 252-
| | es (con perdón de la gente) | | | | el más grande desatino. |
100 | |
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—326→
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| Cielito, cielo que sí, | | | | el evangelio yo escribo, | | | | y quien tenga desconfianza, | | | | venga, le daré recibo. | | |
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| De estas imágenes una |
105 | | | fue Nerón que mandó a Roma, | | | | y mejor que él es un toro | | | | cuando se para en la loma. | | |
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| Cielito, cielo que sí, | | | | no se necesitan reyes |
110 | | | para gobernar los hombres | | | | sino benéficas leyes. | | |
|
| Libre y muy libre ha de ser | | | | nuestro jefe, y no tirano; | | | | éste es el sagrado voto |
115 | | | de todo buen ciudadano. | | |
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| Cielito, y otra vez cielo, | | | | bajo de esta inteligencia, | | | | reconozca, amigo rey272, | | | | nuestra augusta independencia. |
120 | |
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| Mire que grandes trabajos | | | | no apagan nuestros ardores, | | | | ni lumbres, muertes, miserias273, | | | | ni aguas, fríos y calores. | | |
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—327→
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| Cielito, cielo que sí, |
125 | | | lo que te digo, Fernando, | | |
-pág. 253-
| | confiesa que somos libres, | | | | y no andés remoloneando. | | |
|
| Dos cosas ha de tener | | | | el que viva entre nosotros, |
130 | | | amargo, y mozo de garras274 | | | | para sentársele a un potro. | | |
|
| Y digo cielo y más cielo, | | | | cielito del espinillo, | | | | es circunstancia que sea |
135 | | | liberal para el cuchillo275. | | |
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| Mejor es andar delgado276, | | | | andar águila277 y sin pena, | | | | que no llorar para siempre | | | | entre pesadas cadenas. |
140 | |
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—328→
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| Cielito, cielo que sí, | | | | guárdense su chocolate, | | | | aquí somos puros indios | | | | y solo tomamos mate. | | |
|
| Y si no le agrada, venga |
145 | | | con lucida expedición, | | | | pero si sale matando | | | | no diga que fue traición. | | |
|
-pág. 254-
|
| Cielito, los españoles | | | | son de laya278 tan fatal, |
150 | | | que si ganan es milagro, | | | | y traición si salen mal. | | |
|
| Lo que el rey siente es la falta | | | | de minas de plata y oro, | | | | para pasar este trago |
155 | | | cante conmigo este coro. | | |
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| Cielito, digo que no, | | | | cielito, digo que sí, | | | | reciba, mi don Fernando, | | | | memorias de Potosí. |
160 | |
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| Ya se acabaron los tiempos | | | | en que seres racionales | | | | adentro de aquellas minas | | | | morían como animales. | | |
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—329→
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| Cielo, los reyes de España |
165 | | | ¡la puta que eran traviesos!, | | | | nos cristianaban al grito279 | | | | y nos robaban los pesos. | | |
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| Y luego nos enseñaban | | | | a rezar con grande esmero, |
170 | | | por la interesante vida | | | | de cualquiera
tigre overo. | | |
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| Y digo cielo y más cielo, | | | | cielito del cascabel, | | | | ¿rezaríamos con gusto |
175 | | | por un tal don Pedro el Cruel? | | |
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-pág. 255-
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| En fin, cuide amigo rey, | | | | de su vacilante trono, | | | | y de su tierra, si puede, | | | | haga cesar el encono. |
180 | |
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| Cielito, cielo que sí, | | | | ya los constitucionales | | | | andan por ver si lo meten | | | | en algunos pajonales. | | |
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| Y veremos si lo saca |
185 | | | la señora
Inquisición, | | | | a la que no tardan mucho | | | | en arrimarle latón280. | | |
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—330→
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| Cielito, cielo que sí, | | | | ya he cantado lo que siento, |
190 | | | supliendo la voluntad | | | | la falta de entendimiento | | |
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